-YA LO SÉ-.
Nunca seré un poeta de renombre,
ni por rimas,
ni por elegías.
-Ya lo sé-.
Nunca jamás entraré en sus reinos,
ni con toga,
ni sin lira.
-Ya lo sé-.
No ser nadie, ni nada,
me convierte en un ser libre
para hablarte sin ninguna prisa,
y así susurrarte con ésta,
mi escurridiza brisa.
Y ahora....
me gustaría que tras de ti
colocases una lámpara,
para que así nuestras sombras se solapen;
me encantaría que tatareases
conmigo el alma de este poema,
y así puedas descubrir mi torpe melodía;
me fascinaría que al cerrar
los ojos -los míos-,
sean los tuyos los que por mí vean.
Y después de todo esto,
frunce el ceño,
esquiva miradas oblicuas,
y comienza de nuevo
la historia del silencio:
el tiempo de la ausencia.
Y a mí,
a mí olvídame,
olvídame ya.
No soy más que un pobre poeta,
que jamás perfilará comisuras
de risas y rosas,
ni taladrará corazones ebrios
de ríos y rabias.
-Ya lo sé-
-Pero también sé-,
que he sido un fugaz
e irreal destello sonriendo,
porque tú ,
tú has estado ahí,
paciente junto a mí.
Gracias,
muchas gracias.
